A veces a uno le dan ganas de dejarse de diálogos inútiles con estas perracas.
Sobretodo ocurre cuando uno sabe positivamente que tiene más razón que un santo, y que hasta las que más se quejan al final resulta que suelen tener buena parte de culpa de sus propios males, o que incluso tienen pocas razones reales para quejarse.
Ya se ha visto en los comentarios. Algunas hasta tienen la desfachatez de llorarnos acerca de que a ellas también les cuesta mucho ligar porque “no son modelitos perfectas” (u otros eufemismos por el estilo), y después te enteras de que en los últimos 5 años se han follado a más gente que tú y yo juntos en toda nuestra vida.
Y es que siendo especialistas como son en el campo de las disputas verbales, difícilmente vamos a derrotarlas con la retórica y la dialéctica.
Ya en la preadolescencia, muchos recordamos haber presenciado batallitas verbales entre ellas en la que ninguno de nosotros se atrevía a entrar, para no salir malparados con alguna andanada perdida entre tanto fuego cruzado.
Será que al igual que algunos animales poco dotados físicamente, tienen que buscar otra forma de aturdir al enemigo, como esos monos que saltan y pegan gritos histéricamente cuando los acecha un tigre, así que ya de muy jovencitas se entrenan cual cachorros de león jugando a morderse.
También en este sentido, estudios científicos han demostrado que la evolución genética las ha dotado de una magnífica arma de tortura psicológica, que tenemos la suerte de no tener que soportar en este blog: su voz, esa poderosa arma de doble filo, capaz tanto de causar que nos enamoremos perdidamente de nuestra “seño” de segundo de básica, como de querer hundirles la garganta en un charco de mierda para que haga juego con lo que sale de ella cuando se quejan (salvo cuando nos las follamos, que entonces hasta sus gemidos, quejas y lamentos nos resultan placenteros, ¡qué curioso!).
Si a pesar de todo conseguimos derrotarlas en el debate civilizado (porque si nos ponemos les ganamos la partida en casi todo), algunas acaban la disputa con:
“Vale lo que tú digas, pero vais a seguir siendo nuestros perrillos falderos. Si tú no pasas por el aro, otro pasará, y tú terminarás siendo un triste pajillero o un putero”.
Sí, pues ojalá os toquen en suerte todos los hijosdeputa que os merecéis, so putas.
Algunas lo piensan, otras lo dicen abiertamente. Tengo que reconocer que estas últimas me exasperan algo menos, pues por lo menos nos dan en parte la razón, que ya es un punto.
Así pues, si uno se dejara llevar por sus instintos, sobretodo en el cara a cara, más de una vez caería en la tentación de emplear métodos contundentes para hacerlas callar.
Bien con la mano:
En este fotograma de film clásico que me ha enviado Steam Man, hasta parece que la tía disfrute más recibiendo la hostia, que el tipo dándola. Una hostia orgásmica.
Bien con algún instrumento apropiado para la tarea:
O bien con alguna otra cosa o parte de nuestro cuerpo:
Vaya sonrisilla de sátiro que pone el chavalín. Habría que enseñarles a callarse ya desde pequeñitas. Ahora, que la niña ésta parece haberle cogido gustillo a la cosa, porque no suelta el resto del racimo ni a tiros…
Tener una polla de buen tamaño, podrá pues resultarnos muy útil no sólo para llenarles el chocho bien llenito como tanto les gusta, de modo que entren en trance y se callen un ratito, sino también para otros menesteres menos habituales, pero no por ello menos agradables, tales como taparles la boca bien tapadita.
En este sentido hay una duda existencial que me persigue desde hace años, y que me viene a la mente cada vez que veo salir a ciertas famosas por la tele, y que no es otra que:
¿Cuántas pollas juntas harían falta para taparle la boca por completo a…
…Maribel Verdú?
…Mamen Mendizabal?
…o Sonia Arenas?

Creo que serían necesarias al menos 2 o 3 pollas para taponar completamente esas bocazas, que a poco que te descuides con una media sonrisa ya te están enseñando hasta las muelas del juicio.
Pero bueno, pese a todo lo anterior, no caigamos como ellas en la tentación de lo que sería más fácil (pero a veces injusto), y permitamos que nos expresen sus quejas libremente y que digan lo que tengan que decirnos.
Por ejemplo, la mujer de este video (en inglés) que viene a continuación, quiere quejarse de que no reciben el reconocimiento que merecerían por todo lo que hacen.
Escuchémosla con atención.
Y en la búsqueda del camino zen que me permita alcanzar la tranquilidad espiritual, y la paz del cuerpo y el alma, he deshabilitado los comentarios de este post. Sólo por joder(las) un poquito.
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Actualización: Joer, vuelvo de vacaciones y veo que no había desactivado los comentarios del post como creía. También he visto que los de youtube han censurado el video (puta censura otra vez).
Aquí tenéis el video en formato .flv del youtube. Para verlo os recomiendo usar el VLC media player.




